Posteado por: Ricardo Paulo Javier | julio 19, 2008

Evolución = Abominación

Evolución = Abominación

Junio 6th, 2007

En alguna ocasión, en alguno de mis mensajes, he mencionado que dentro del Evangelicalismo se pueden encontrar diferentes sectores o grupos de creyentes que mantienen distintas (incluso a veces opuestas) creencias. En alguna ocasión he expresado además mi opinión de que dicha variedad de creencias es una virtud y no una debilidad del Cristianismo. La virtud en cuestión es la de poseer un nucleo de creencias básicas (que aportan una identidad fundamental) lo suficientemente potente como para soportar la tirantez que produce el distanciamiento entre ciertos grupos que, aunque de acuerdo en dicho nucleo, aceptan además otros conjuntos de creencias respecto de los cuales es posible discrepar. Así, sabemos que dentro del Evangelicalismo podemos encontrar, por un lado, creyentes fundamentalistas que apoyan una lectura literal de las Escrituras y que derivan de ella todo un conjunto de creencias acerca del origen del universo (usualmente creado hace unos pocos miles de años) y del origen del hombre (de nuevo, usualmente creado de una pieza en un solo día en un acto creador de Dios), mientras que por otro lado también existen creyentes evangélicos que tienen una visión de las Escrituras muy distinta de la cual no derivan muchas de esas doctrinas acerca de la creación; entre estos se encuentran aquellos que aceptan la teoría de la evolución como la mejor hipótesis científica que aporta una buena explicación natural a toda la evidencia que poseemos hasta el día de hoy, sin que eso tire por tierra la validez de la Biblia para sus vidas.

Toda esta variedad de creencias no debería resultar problemática a menos que creyésemos que el nucleo de nuestra fe, aquella base de nuestro Cristianismo que nos sirve de identidad, dependiera precisamente de todo aquel conjunto de creencias derivadas de nuestra manera de leer las Escrituras. En el caso de que esto fuese así, la definición propia de Cristianismo que surgiría de esas creencias añadidas debería contener afirmaciones como: “El verdadero cristiano es aquel que cree que la Tierra fue creada hace algo así como 6000 años”, o bien, “El verdadero cristiano es aquel que niega la posibilidad de que Dios haya elegido la evolución como su método creativo”. Una definición del Cristianismo que contuviera frases como estas propondría dos caminos entre las cuales todo ser humano tendría que elegir: por un lado tendríamos el texto bíblico como el único contexto universal adecuado que nos permitiera entender nuestro entorno y a través del cual tendríamos que mirar e interpretar el resto del universo ya fuera a nivel personal, espiritual, histórico e incluso científico; por otro lado tendríamos el mundo en general y la sabiduría que viene de él, la cual se consideraría a un nivel más bajo que la sabiduría que viene de las Escrituras. Presentado ante este dualismo, el ser humano debería optar por la sabiduría de la Biblia y desechar la sabiduría del mundo si quisiera ser cristiano.

Sin duda, cuando miramos a los distintos grupos de creyentes dentro del Cristianismo encontramos personas que opinan de esa manera y cuya definición del Cristianismo contiene frases como las que he mencionado más arriba. Personalmente, como cristiano perteneciente a un grupo distinto, encuentro esa postura exclusivista, un tanto irónica y muy incoherente. Encuentro muchas veces irónica la necesidad que tienen algunas personas de tirar por tierra las teorías científicas cuando encuentran ciertas incongruencias entre dichas teorías y
sus lecturas personales
de sus textos sagrados. Me resulta incomprensible esa actitud de suponer que todo aquello que parece estar en contra de lo que yo creo o de la forma en la que yo veo el universo debe estar equivocado. Y este factor resulta especialmente irónico (y a la vez triste) cuando dicha actitud provoca un rechazo de hipótesis científicas que llevan con nosotros muchos años y cuya validez está siendo demostrada una y otra vez de forma clara. Me da la impresión de que muchas personas religiosas tienden a atacar a la ciencia con demasiada facilidad, sin darse cuenta de que ellos mismos hacen uso diario y constante de los avances y descubrimientos que el método científico ha hecho posible. Y esta falta de coherencia que muestran aquellos que critican las hipótesis científicas sin pensarlo dos veces pero luego se suben a un avión para ir de vacaciones demuestra una falta de humildad añadida que no debería ser tan abundante precisamente en aquellas religiones en las que la humildad es considerada como una de las mayores virtudes.

Hace poco he tenido la oportunidad de leer un artículo de J.A. Monroy que nos presenta un dualismo similar al que menciono más arriba. En este mensaje el tema de fondo es la evolución, un tema que por otro lado ha servido para sentar posiciones dentro del Evangelicalismo desde hace años: si crees en la evolución eres un liberal que no cree en la Biblia y que no cree en un Dios creador, mientras que si rechazas la evolución has dado un paso importante para entrar en el grupo de los que leen la Biblia de forma adecuada dándole el valor que ella merece. En el mensaje de Monroy podemos leer frases que ejemplifican las alternativas que he mencionado más arriba:

“La teoría de la evolución quiere que arranquemos las primeras páginas de la Biblia y las sustituyamos por otras del Origen del hombre”

“La teoría de la evolución nos pide que desconfiemos de Moisés y confiemos en Darwin”

“La teoría de la evolución pretende que neguemos la realidad de un Dios creador y aceptemos en su lugar al animalito acuático”

“La teoría de la evolución exige que neguemos a Adán y pongamos nuestra fe en el orangután”

Frases como estas, como he mencionado ya, pertenecen a un grupo determinado dentro del Evagelicalismo, un grupo que tiene unas ideas determinadas (podríamos llamarlo una ideología determinada) acerca de cómo hemos de leer las Escrituras. Si suponemos, por ejemplo, que el relato del Génesis nos está dando una descripción científica y literal de cómo Dios creó el Universo
a partir de la nada
, entonces tenemos que asumir que la teoría de la evolución es falsa y que cualquiera que la acepte se está desviando de la lectura correcta de las Escrituras. Sin embargo, ¿es esa suposición adecuada (o incluso bíblica) o proviene más bien de una forma de entender la fe cristiana que engloba a unos pocos pero ni de lejos al resto del Cristianismo? ¿Es verdad que si aceptas la teoría de la evolución estás negando la realidad de un Dios creador? Sin duda existen muchos científicos cristianos que no tienen ningún problema en aceptar la teoría de la evolución sin que eso implique un rechazo de un Dios creador; ¿hemos de suponer que todos ellos se han desviado de la lectura correcta de la Biblia, o incluso peor, que todos ellos se han alejado del conjunto de creencias que les identifica como cristianos?

Usaré las palabras de uno de estos científicos cristianos, Kenneth R. Miller, para responder:

“Si Dios así lo hubiese elegido, el Dios que enseñan la mayoría de las religiones occidentales podría haber creado cualquier cosa, incluso a nosotros,
de la nada
, a partir de Su voluntad nada más. En nuestra infancia como especie, quizá esa fue la unica forma en la que podíamos imaginar el cumplimiento de Su voluntad. Pero hemos crecido, y ha ocurrido algo grandioso – hemos comenzado a comprender las bases físicas de la vida misma… Aceptar la evolución no es ni más ni menos que el resultado de respetar la realidad y consistencia del mundo físico a través del tiempo”

Otros opinan de forma similar. Escuchemos, por ejemplo, lo que dice John Polkinghorne acerca del famoso libro de Charles Darwin, Origin of Species
:
“Dos clérigos anglicanos, Charles Kingsley y Frederick Temple, ambos dieron una temprana bienvenida a la forma de entender el universo de Darwin, viendo que la evolución podría ser teologicamente entendida como la manera por medio de la cual las criaturas habían tenido el privilegio, otorgado por su Creador, de ‘hacerse a sí mismas’. El Dios de amor no ha creado un mundo similar a un teatro divino de marionetas, sino que el Creador ha dado a sus criaturas un cierto grado de independencia. La teología trinitaria no necesita ver la historia del mundo como una representación de un guión fijo, escrito por Dios desde la eternidad, sino que puede entenderla también de forma adecuada como una gran improvisación en la cual tanto el Creador como las criaturas participan”

Como vemos, parece que algunos cristianos no ven ningún problema en aceptar la realidad tal y como parece que esta es, sin necesidad de rechazar y/o atacar el método científico como si en este caso particular estuviese dando resultados erróneos. Me pregunto si afirmaciones como las que hemos leído más arriba no reflejan más bien la incapacidad que algunos tienen de asimilar ciertas realidades que les rodean y que chocan con su entendimiento privado y personal de la fe, provocando que se vuelvan de nuevo como niños, cerrando sus ojos ante aquello que les asusta en la esperanza de que desaparezca. Hace unos años, la escritora Mary Douglas hizo un estudio acerca de las ‘abominaciones de Levítico’ (“The Abominations of Leviticus”, en Community, Identity, and Ideology: Social Scientific Approaches to the Hebrew Bible
, editado por Charles E. Carter y Carol L. Meyers, pp.119-134, Winona Lake, IN: Eisenbrauns, 1996). En su estudio, Mary nos ayuda a entender la manera en la que los seres humanos necesitamos imponer orden cuando percibimos el universo caótico y peligroso que nos rodea. El universo se vuelve más manejable cuando puede ser categorizado poniendo cada cosa en su sitio; pero cuando las cosas se salen de su lugar y aparecen en un lugar equivocado se genera mucha ansiedad. Mary utiliza esta verdad para iluminar el conjunto sistemático de leyes alimenticias que podemos leer en Levítico, mostrando que son precisamente aquellas criaturas que no encajan bien en los patrones marcados en otros libros de la Biblia (como Génesis, donde los animales se dividen en tres categorías, ‘tierra’, ‘agua’ y ‘cielo’) los que son impuros y producen separación de Dios. Es por esta razón, por ejemplo, que al marisco se le llama ‘abominación’ en Levítico 11:10-12, porque los peces (o animales marinos) no deberían tener patas (¡vaya faena, no poder comer marisco!).

Si podemos aplicar el estudio de Mary al ejemplo que nos ocupa, quizá una de las razones por las que seguimos presenciando reacciones tan emotivas y contundentes en contra de ciertas hipótesis científicas como la de la evolución es la ansiedad derivada de contemplar un mundo mucho más complejo y caótico de lo que nos gustaría, un mundo que está muy lejos de encajar en las cajas teológicas sistemáticas que nos empeñamos en construir pero que cada poco tiempo muestran su tremenda debilidad. Una de las actividades que llevó a cabo Jesús cuando vivió entre nosotros fue la de actuar en contra de muchas de esas cajas teológicas que forzaban la exclusión de todos aquellos grupos de personas que no encajaban bien dentro de las categorías ‘aceptadas’ y ‘ortodoxas’ de ciertos grupos religiosos. Me pregunto si no estaremos cayendo de nuevo en el error de añadir más y más condiciones a nuestra identidad evangélica provocando una nueva exclusión de aquellos que no encajan en dichos credos. Quizá deberíamos aprender a aceptar que dentro del Evangelicalismo encajan muchos grupos y una gran diversidad de ideas y creencias acerca de muchos temas, y aprender a controlar nuestras críticas manteniéndolas en el terreno del diálogo abierto y tolerante. Quizá deberíamos aceptar que la diversidad de opiniones no es algo genericamente diabólico y aprender a mostrar una actitud de diálogo en lugar de una donde predominen términos como ‘abominación’. Quizá deberíamos aprender a mirar al universo y aceptar que no todo encaja dentro de las categorías que conocemos y que quizá existan cosas que se salgan de lo que para nosotros es ‘natural’ (por mucha repulsa que nos produzca). Quizá haríamos bien en aprender a mirar al mundo y su sabiduría con cierto grado de admiración y aceptar que fuera de nuestro entorno también existe conocimiento digno de ser escuchado y del cual podemos aprender (aunque no provenga de las Escrituras o incluso aunque parezca ir en contra de nuestra forma de entender nuestros más queridos textos sagrados). Después de todo, nadie dijo nunca que el cuerpo de Cristo debería estar formado por un grupo cerrado de unos pocos que siguen mucha reglas; quizá sea todo lo contrario.

http://www.lupaprotestante.com/blogs/textoseideas/?p=147

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