Posteado por: Ricardo Paulo Javier | julio 9, 2008

Sobre perros ladrando y leones dormidos

Sobre perros ladrando y leones dormidos

“No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios… y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es.”1

A Irving se le acredita con el haber dicho “un perro que ladra es más útil que un león que duerme.” Otra manera de decirlo es “la carrera no es siempre para el más veloz, pero lo es para los que continúan corriendo.”

Uno de los grandes aspectos acerca de Dios es que uno no necesita ser un experto en nada ni ser alguien extraordinario para que él nos utilice. Dios utiliza a personas como usted y yo. Consideren este ejemplo, los hombre que Jesús eligió para ser sus discípulo: un par de pescadores, un recaudador de impuestos, un ladrón y así.

El mismo Jesús no asistió a seminarios o colegios (o su equivalente en esos días) pero eligió como su profesión el ser carpintero, como lo fue su padre, José.

Para que Dios nos utilice, necesitamos estar disponibles y tener fe en su llamado, y obtener el entrenamiento adecuado para poder dar lo mejor de nosotros en nuestro servicio a Jesús. Mientras que los discípulos no estaban calificados para serlo cuando Jesús los llamó, ellos pasaron los siguientes tres años siendo entrenados por el maestro por excelencia—el mismo Señor.

Recuerden es mejor ser un perro que ladra que ser un león dormido.

Qué gran diferencia haríamos los cristianos en nuestras familias y en nuestras relaciones, en la iglesia y en el mundo en el que vivimos si oráramos la siguiente oración al principio de cada mañana: “Dios mío, estoy disponible. Por favor úsame hoy para ser un cristiano con mi familia, con alguien en necesidad y de alguna manera con todas las personas con las que tenga contacto hoy. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”

1. 1 Corintios 1:26–28 (NVI).

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